Guía· Gastronomía
20 chiringuitos para comer en chanclas y mirando al mar
Recorrí veinte chiringuitos españoles donde comer junto al mar sin pretensiones es casi un acto de resistencia contra el turismo plástico.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 16 de julio de 2024

Cuando empecé a rastrear chiringuitos por la costa española, me sorprendió descubrir que ya no son esos espacios improvisados de antes. Hoy coexisten en ellos universos completamente distintos: en Chiclana, un antiguo cuartel de la Guardia Civil sirve tartar de atún con yema curada frente al Atlántico y acaba de ganar un premio europeo de arquitectura; en Ibiza, Mauro Colagreco —con tres estrellas Michelin— sigue insistiendo en que de postre siempre, siempre, hay churros. Pero lo que realmente me fascinó fue la obsesión compartida por todos ellos: defender el producto local como si fuera sagrado. En Formentera, alguien me explicó que su menú «recorre la isla por tierra y mar» para mantener viva la tradición; en la Costa del Sol, un proyecto de mercado diaria donde los arroces y las capturas del día son la estrella; en Getxo, unos bilbaínos que abrieron un segundo local porque querían compartir su pasión por las paellas valencianas. Lo que más me gustó fue entender que estos chiringuitos no compiten por ser sofisticados, sino por ser honestos. Desde los bocartes rebozados de Santander hasta la fusión nikkei andaluza de Sotogrande, cada uno cuenta una historia diferente pero con la misma métrica: producto fresco, vistas al mar y la certeza de que comer en chanclas, con los pies en la arena y una cerveza fría, no es un lujo sino un derecho que deberíamos defender más a menudo.