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Berta Bernad, la chica que apagó el foco para encender la cámara: "Soy como un ex-alcohólico que tiene que superar el entrar a los bares"
De influencer a directora: Berta Bernad deja los likes para dirigir cine y escribir novelas.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 21 de mayo de 2026

Berta Bernad fue una de esas figuras omnipresentes en los albores de Instagram, apareciendo constantemente en campañas publicitarias, editoriales de revistas y listados de tendencias. Sin embargo, en un momento dado optó por frenar en seco, ya que "me pesó mucho la etiqueta. Me costaba diferenciarme de lo que se había convertido el ser influencer", reconoce.
Su formación académica en Periodismo en la Complutense le brindó una preparación integral. Más allá de su trabajo frente a los objetivos, también se formó en las facetas que transcurren detrás de ellos. "A la vez que protagonizaba campañas trabajaba en otras como directora creativa". Así que cuando decidió abandonar esa visibilidad constante, no tuvo la sensación de estar renunciando a todo, sino simplemente de desprenderse de algo que ya no le resultaba esencial. "Fue dejar morir una de mis facetas. Me dio capacidad de reinvención".
El cambio fue drástico, aunque cuidadosamente meditado. Puso punto y final a aquel período, se permitió reflexionar y se lanzó a escribir su novela titulada Mi nombre es Greta Godoy. "Quería contar bien esa historia. Había muchos libros sobre cómo programar un ordenador, pero nadie explicaba las luces y las sombras de la vida de una influencer". La escritura funcionó, en cierto sentido, como un espacio terapéutico. "Fue súper sanador. Me sirvió para poner nombre a lo que me había sucedido, para bien y para mal".
Lo cierto es que aquella trayectoria estuvo lejos de ser plácida. "Lo viví a toda velocidad, sin pararme a pensar. Había sido una distorsión bestial del ego". Alcanzar una revista de referencia como Vogue o ser galardonada en actos junto a celebridades cuando apenas rondaba los 24 años no constituía precisamente una transición suave hacia la madurez. "De repente parecía que esa parte de éxito era muy heavy".
La novela, por su parte, le ofreció la posibilidad de expresarse desde una perspectiva radicalmente distinta, desprovista de validaciones instantáneas, alejada del aplauso o la crítica en directo. "Lo bonito de un libro es que estás en un espacio íntimo. En redes, la interacción directa condiciona mucho lo que cuentas y cómo lo cuentas". Lanzó su libro, desapareció de la pantalla pública y, sorprendentemente, nunca regresó a Instagram para promocionarlo.
En la actualidad, su sustento proviene de Mindlike, la agencia de marketing y gestión de redes sociales que dirige y desde donde desarrolla campañas para diferentes empresas. " Soy como un ex - alcohólico que tiene que superar el entrar a los bares ", comenta con cierta sorna respecto a su vínculo con la red social. Domina la mecánica, entiende cómo se comercializa, pero también tiene clara conciencia de dónde trazar su propia línea. "Soy muy consciente de cómo me afecta, y me esfuerzo para no volver a engancharme".
Aunque de tanto en tanto, admite, resurgen los antiguos hábitos. "El otro día subí la portada del corto y tuvo 100.000 visualizaciones en dos días . Me vi refrescando y pensé: ‘mal, tu propio veneno’". Ahora su enfoque está en el cortometraje, su nuevo proyecto. Lleva por título Antes de que me digas te quiero y surgió después de que cediera los derechos de su novela para una posible adaptación televisiva. Durante el proceso de guionización con Ramón Salazar, quedó prendada del resultado final.
Posteriormente se apuntó a clases de interpretación en un centro madrileño ubicado en Carabanchel. " Para mí ir a Carabanchel era como ir a Nueva York ", explica. Allí experimentó una revelación: la interpretación le devolvía la sensación del patio del colegio. "Me lo pasaba tan bien en las clases de teatro. Echaba de menos espacios donde conocer gente desinteresadamente".
Fue entonces cuando decidió escribir, dirigir, producir y actuar en su primer trabajo audiovisual. Se trata de una pieza cómica de doce minutos que celebra esos primeros instantes de atracción antes de que el amor se declare. "Está todo muy sexualizado. Me da rabia, porque es fácil meter una escena de sexo y captar interés, como el azúcar. Pero hay muchos matices del amor previos que son mucho más interesantes".
El relato gira en torno a una mujer que atraviesa un divorcio reciente y que se encuentra casualmente con un hombre más joven, permitiéndose durante veinticuatro horas recuperar la capacidad de soñar. La producción fue exigente, completamente madrileña y casi providencial. " Ha sido lo más intenso que he hecho en mi vida , dos días sin parar; terminé desplomada en el sofá".
Contó con profesionales de primera categoría en los diferentes departamentos: decoración, iluminación, coordinación de equipo, tratamiento de imagen, sonorización... con ella supervisando cada aspecto. " Soltar a la directora mientras actuaba fue lo más complicado ". Hasta descubrió un consejo que mantiene: jamás permitir que un intérprete se corte el cabello en los tres días previos al rodaje. "Casi me da un infarto", bromea.
Su intención ahora es enviar el cortometraje a festivales de alcance internacional. Sundance encabeza su lista de deseos, seguida por Locarno y otros circuitos de prestigio. "Creo que mi cine se va a entender fuera. Es una comedia ligera y eso ya lo diferencia". Además tiene en marcha una segunda novela, otras historias esperando ser desarrolladas y una convicción que va creciendo: el cine ha venido para quedarse en su vida. "Me gustaría continuar dirigiendo y actuando en mis proyectos", sentencia.