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Guía· Gastronomía

Buenos hoteles cerca del mar en los que comer muy bien

Descubrí que pasar la noche junto al mar no tiene por qué significar renunciar a comer como en un restaurante de altura.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 3 de julio de 2024

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Hace poco me sumergí en este recorrido por hoteles costeros españoles y me sorprendió descubrir que la gastronomía no es solo un complemento, sino el corazón de muchas de estas propuestas. En Menorca, Villa Le Blanc ha creado un maridaje especial con Formaje, una quesería artesanal que guía a los huéspedes a través de trece quesos cuidadosamente seleccionados: es el tipo de detalle que transforma una cena cualquiera en un viaje cultural. Lo que más me intrigó fue ver cómo hoteles distintos cuentan historias diferentes a través de la mesa. En Mallorca, el restaurante Vermell presume de recibir el premio a revelación balear porque entendió algo fundamental: modernizar recetas tradicionales sin perder su esencia. El chef Pablo Armando Aranda en El Olivo va más lejos todavía, traduciendo ochocientos años de legado andalusí en un menú que recupera sabores mallorquines a través del cordero, el arroz y la almendra. En Formentera, viajé imaginariamente a través de tartar de gamba roja y costillas de maíz tomados en la azotea del Teranka Rooftop con puestas de sol de fondo. Lanzarote me cautivó con su bodega propia supervisada por enólogo, donde vinos hechos en la isla acompañan platos como las papas negras con mojo. Lo que estas propuestas comparten es una obsesión común: el producto local elevado, chefs que entienden que cocinar en un hotel costero no es una limitación sino una responsabilidad de mostrar quiénes son esos lugares a través del paladar. No se trata solo de comer bien frente al mar, sino de entender que esos hoteles funcionan como guardianes de identidades gastronómicas que de otro modo podrían diluirse.