Reportaje· Viajes
Cantabria: una escapada para enamorados
Descubrí que Cantabria es el destino perfecto para enamorados que buscan combinar naturaleza salvaje, gastronomía exquisita y alojamientos con carácter.
Por Estefanía Ruilope · Condé Nast Traveler · 14 de febrero de 2019

Cuando pienso en un fin de semana para revitalizar una relación, Cantabria aparece en mi mente como ese lugar donde todo conspira a favor del romance sin necesidad de artificios. No es un destino pensado para parejas de manual, sino para quienes entienden que la verdadera conexión empieza en la mesa y continúa en un bosque donde los árboles te hacen sentir pequeño. Federica & Co, ese cottage gastronómico en Novales, es exactamente lo que buscas cuando quieres sorprender sin caer en lo predecible: una casa reformada con papeles florales de Laura Ashley, cenas a la luz de las velas que prepara la propia dueña, y un burro llamado Darwin que se ha convertido en celebridad nacional. Lo que más me intriga es cómo Fede ha convertido lo que iba a ser un almacén en algo tan personal, tan suyo. En cuanto a comer, Las Redes junto al muelle viejo de San Vicente de la Barquera es obligatorio si quieres entender por qué la gente habla del sorropotún con los ojos cerrados, y Casa Cofiño, con esa vinoteca que expertos sitúan como la segunda mejor de España, es el lugar donde uno entiende que los cocidos y las carnes de montaña pueden ser acto de amor. Abacería la Sal, más modesta pero igual de efectiva, te permite llevarte a casa los sabores que acabas de probar. Y luego está el Bosque de Secuoyas del Monte Cabezón, donde esas secuoyas de más de cien metros ponen en perspectiva todo lo demás. Vuelvo a Cantabria porque aquí el romanticismo no es una idea, es una realidad hecha de productos cántabros, de aire limpio y de lugares donde la gente sigue teniendo tiempo para que las cosas salgan bien.