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Artículo· Gastronomía

Casa Tabacos, la taberna que en dos semanas se ha convertido ya en uno de los sitios preferidos de los madrileños

Sergio y Julián han abierto Casa Tabacos sin hacer ruido, y en dos semanas ya es imposible conseguir mesa.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 29 de noviembre de 2024

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Hay un patrón que Sergio Ochoa y Julián Lara dominan a la perfección: entran en un local con historia, respetan lo que lo hace único y lo convierten en imprescindible sin que parezca esfuerzo. Casa Tabacos es su última prueba de esto. Hace apenas dos semanas que abrieron esa antigua expendeduría de tabacos en la calle Palma enfrente de Bodegas El Maño, y ya tienen cola de gente esperando mesa. Lo fascinante es que no han invertido en publicidad ni agencia de comunicación; sencillamente, la gente lo intuye. Julián me contó que su madre siciliana casi le rechaza la burrata con gambones al ajillo —mezclar queso con marisco le parecía blasfemia— pero luego no pudo dejar de probarla. Eso resume perfectamente lo que hacen: toman recetas que todos conocemos (croquetas, ensaladilla, revolconas, gildas) y las colocan en espacios donde cada detalle cuenta. Mantuvieron el suelo original de baldosas hidráulicas, la barra con carácter, y las paredes las poblaron de obras de Miró y Dalí. Hasta los ventiladores del techo los pusieron a propósito, no por aire sino por ese movimiento visual. Lo que más me interesó es que aunque Casa Tabacos está a metros de El Maño, se negaron a repetir carta: mientras en El Maño hacen torreznos, aquí preparan revolconas; los canelones que hay aquí no existen allá. Cada local tiene permiso para ser él mismo. Sergio y Julián llevan diez años trabajando juntos desde que él venía del Zombie Bar y Julián del Cocinillas, y esa complicidad se nota: saben exactamente qué público llega a cada hora, qué espacio necesita cada momento del día, cómo hacer que alguien vuelva un viernes para un vermut y el sábado siguiente para un vino después del trabajo. Su verdadero talento no está en inventar nada nuevo, como reconoce Julián, sino en entender qué echan de menos los madrileños en sus tabernas: producto honesto, precios accesibles (25-30 euros de ticket), gente de todas las edades compartiendo mesa. Locales donde un extranjero se sienta como en casa y donde el vecino de veinte años conversa con el señor mayor de arriba.