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Domaine de Primard, el hotel boutique de Catherine Deneuve
Descubrí cómo la mansión de Catherine Deneuve se convirtió en un refugio de lujo discreto donde el agua, las rosas y la cocina de kilómetro cero definen la experiencia.
Por Estefanía Ruilope · Fuera de Serie · 11 de abril de 2024

Cuando descubrí que Domaine de Primard había sido la casa de campo de Catherine Deneuve, lo primero que me vino a la mente fue esa mezcla de elegancia contenida que caracteriza a la actriz francesa: nada de ostentación, todo refinamiento. Frédéric Biousse y Guillaume Foucher lograron algo raro en la hostelería de lujo: un espacio donde la historia respira sin asfixiar. Caminé mentalmente por esos jardines diseñados hace cuarenta años por Jacques Wirtz —el mismo que trabajó en el Louvre y las Tullerías— y entendí que el agua es aquí el verdadero protagonista: el río Eure que fluye junto a la fachada, el foso, los arroyos, el lago. Todo converge en crear esa atmósfera romántica que Deneuve eligió cuidadosamente, especialmente en sus 250 variedades de rosas, algunas con más de treinta y cinco años trepando por los árboles. Lo que más me fascinó fue la habitación 15 del desván, con su ojo de buey abierto al río: es el tipo de detalle que explica por qué algunos lugares te quedan en la piel. En la cocina, Romain Meder orquesta una gastronomía basada en el huerto propio —ese donde el jardinero Gérard cultiva verduras que alimentan directamente las mesas— y llega al extremo de elaborar una harina a partir de pétalos de rosa para la pasta fresca. El spa de 450 metros cuadrados revestido de madera y los tratamientos con cosmética orgánica austriaca completan una experiencia donde todo apunta a lo mismo: desacelerar. Guillaume menciona que los huéspedes son gente de treinta a sesenta años que huye de la ciudad los fines de semana, junto con visitantes que llegan desde Normandía o de Giverny. Es un hotel que entiende que el lujo verdadero no es el exceso, sino saber cuándo parar.