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Guía· Viajes

Dos remansos de paz en la sierra madrileña

Descubrí que la sierra madrileña guarda dos hoteles donde el arte, la buena mesa y la naturaleza conviven sin artificios, cada uno con su propia personalidad.

Por Estefanía Ruilope · Fuera de Serie · 29 de agosto de 2024

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Hace años que oía hablar de estos dos hoteles entre amigos de Madrid que buscaban algo distinto de lo habitual en escapadas de fin de semana, y cuando finalmente buceé en su historia, entendí por qué generan esa lealtad. Pilar Guillén y Ángel García no construyeron negocios, construyeron refugios con criterio. La Torre llegó primero, casi por casualidad durante un paseo por Collado Mediano, en esa casa neoclásica del diecinueve que se enamoraron de verse; una década después llegó Alpino en Navacerrada, con sus muros de madera, hierro y cristal rodeados de cedros y pinos, esta vez estratégico para crecer. Lo que más me fascinó es cómo ambos rechazan ser simples hoteles temáticos: el arte no es decoración superficial, sino un proyecto vivo donde cada trimestre artistas como Luis San Sebastián o Maru Oriol ocupan las paredes, algo que Ángel explica con la claridad de quien realmente cree en ello. En las cocinas, Rubén Amor ha tirado por caminos distintos—vanguardia tradicional en KOMA, francesía más atrevida en Cedro—pero siempre con esa obsesión por lo local que se nota en cada plato, desde los chipirones a la parrilla hasta la picaña de Wagyu ahumada. Lo que más me gustó es descubrir que permiten noches sueltas, sin obligarte a fin de semana completo, y que sus spas y masajes funcionan como verdadero descanso, no como relleno de resort. Estos dos sitios funcionan porque Pilar y Ángel viven en ellos, y eso se respira nada más entrar.