Artículo· Gastronomía
El Alfiler del Callejón, un bar madrileño de toda la vida para ir a tomar una caña, nécoras o croquetas a cualquier hora del día
Javier Muñoz-Calero abre una taberna en Salamanca donde la caña vuelve a ser caña, el marisco se prueba por unidades y nadie necesita reserva ni mantel.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 11 de septiembre de 2026

Entré en El Alfiler del Callejón sin expectativas gastronómicas altas y salí entendiendo exactamente qué buscaba Javier Muñoz-Calero cuando decidió cerrar la barra de Ovillo después de la pandemia. No era nostalgia, era convicción: ese cansancio de pedir una caña y recibir casi una jarra, esa frustración de tener que reservar con días de anticipación, esa lógica absurda de las raciones pensadas para dos cuando uno quería probar una nácora, una pareja de navajas y seguir el camino. Lo que más me sorprendió fue descubrir que todo eso, que parece tan simple, requiere una cantidad brutal de trabajo detrás: vinagres caseros, escabeches propios, salazones, evitar la quinta gama, recuperar ese espíritu de marisquería de barrio que casi nadie recuerda. Los búgaros pinchados con alfileres que acompañan la bebida no son un gesto decorativo, es su manifiesto resumido en dos elementos: la recuperación de pequeños códigos hosteleros que se daban por descontados. Me gustó especialmente que no quiera convertir el lugar en algo instagrameable, que apenas haya logotipos, que prefiera que brille solo la comida y los camareros. Y que en el mismo espacio convivan un cliente de veinte años tomando croquetas con otro mayor pidiendo gamba roja y botella: eso era realmente un bar, no un restaurante pensado en fotos. El Alfiler no es revolucionario, pero sí honesto, y en un barrio como Salamanca saturado de manteles impecables y tickets elevados, esa honestidad suena casi radical.