Artículo· Gastronomía
El Catalatas
Carlos Álvaro convirtió su obsesión por las latas en un movimiento que devuelve el prestigio a las conservas españolas, desmontando prejuicios con cada vídeo.
Por Estefanía Ruilope · Telva · 4 de septiembre de 2026

Lo primero que me sorprendió de Carlos Álvaro es que su camino hasta las conservas fue más bien un accidente feliz. Mientras coleccionaba botellas de whisky con la idea de hablar de destilados, un artículo sobre el envejecimiento de las sardinas cambió completamente el rumbo. Esa compra casual de unas sardinillas en el Mercado de San Miguel en 2015 —cuyo ticket aún guarda— se convirtió en el primer paso de una colección de casi 500 latas que hoy define su carrera. Lo que realmente me ganó es que no se ve a sí mismo como un influencer vendiendo productos, sino como alguien que rescata historias. Cuando abre una lata en sus vídeos y explica el trabajo silencioso de los bateeiros o por qué algunas conserveras prefieren aceite de girasol en lugar de virgen extra, está desmontando años de prejuicios con una sencillez desarmante. Descubrí que sus consejos prácticos —cómo diferenciar una buena conserva, qué señales de alarma buscar, por qué la fecha de consumo preferente no es lo que creemos— vienen de alguien que realmente ha probado, clasificado y comparado cada lata. Me gustó especialmente su argumento de que España tiene probablemente las mejores conservas del mundo sin saberlo. Y en los detalles están sus convicciones: esa idea de que el aceite de una buena ventresca no debería acabar en el fregadero, sino servir para aliñar una ensalada; o esa imagen que recupera de su infancia, cuando su padre abría berberechos en la mesa como un ritual. Para él, una conserva nunca es solo comida, siempre te transporta a alguien o a algún lugar, y eso es exactamente lo que transmite en cada vídeo que comparte con sus más de 375.000 seguidores.