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El exclusivo oasis entre calas y terrazas que te deja mudo en la Sierra de Tramontana
Un hotel de lujo en Banyalbufar recupera la historia de una casa de comidas de 1931 en la Serra de Tramuntana.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 7 de agosto de 2026

Envuelto entre bancales centenarios, el Gran Hotel Margalida ocupa el lugar del antiguo Mar i Vent, inaugurado en 1931 por Joan Vives y Margalida Albertí como una casa de comidas.
En Banyalbufar, entre los bancales centenarios de la Serra de Tramuntana y el Mediterráneo, un histórico edificio de 1931 renace convertido en un hotel de 29 habitaciones donde la arquitectura, el interiorismo y la gastronomía dialogan con el paisaje para contar una Mallorca alejada de los tópicos. El hotel ocupa el lugar del antiguo Mar i Vent, inaugurado en 1931 por Joan Vives y Margalida Albertí como una sencilla casa de comidas con cuatro habitaciones.
Casi un siglo después, aquella mujer pionera, que comenzó a alojar viajeros cuando el turismo apenas existía en la isla, da nombre al nuevo proyecto de Annua Signature Hotels, Gran Hotel Margalida, que recupera el edificio respetando su memoria y lo convierte en el primer cinco estrellas Gran Lujo del grupo. "No buscamos destinos, buscamos emociones", explica Álvaro Sasiambarrena, cofundador y CEO de Annua Signature Hotels. "Lugares así no aparecen dos veces en la vida. Banyalbufar te deja mudo: un pueblo de apenas quinientos habitantes suspendidos sobre el mar, con la Tramuntana descendiendo en bancales cultivados desde hace siglos. Llegas por la carretera de montaña, el valle se abre y, en la primera curva, aparece el hotel", describe. Para él, precisamente esa historia fue decisiva. "Aquí ya existía un alma. Margalida fue una mujer adelantada a su tiempo, y ese espíritu de hospitalidad es el que hemos querido recuperar".
Esa voluntad de construir un hotel profundamente ligado al lugar fue también el punto de partida de la interiorista Virginia Nieto . Se encontró con una arquitectura poco convencional : cuatro edificios comunicados entre sí, desniveles constantes, escaleras y una construcción obligada a convivir con la montaña. "Un hotel siempre cuenta una historia. Lo primero que buscamos es el concepto y cómo dialoga con el entorno. Aquí lo encontramos enseguida: la luz, el amarillo y el paisaje".
Ese amarillo, convertido en la gran seña de identidad del proyecto, aparece en textiles, cerámicas y pequeños detalles, aunque la verdadera intención del diseño es otra: generar sensación de hogar. Maderas naturales, lino, yute, fibras vegetales, formas orgánicas, piezas artesanales y las tradicionales telas mallorquinas de llengües crean espacios cálidos donde ninguna habitación resulta igual a otra. "Uno de los errores más frecuentes es hacer habitaciones frías e impersonales. Nosotros queríamos que el huésped sintiera que llegaba a una casa".
Cada estancia incorpora carpinterías acabadas a mano , vidrio soplado realizado en Mallorca y baños especialmente cuidados, una de e las obsesiones confesadas de Nieto. "El lujo ya no depende del mármol; depende de la calidez, de la artesanía y de sentirse bien en un lugar". Una idea que comparte plenamente Álvaro: "Para mí el lujo es tiempo, privacidad y libertad. Poder desayunar a las dos de la tarde si te apetece o sentir que, aunque el hotel esté completo, tienes un rincón solo para ti".
La misma filosofía se traslada a la cocina. Al frente está Joan Escalas Rosselló, mallorquín formado durante casi una década junto a Álvaro Salazar en Voro, que debuta aquí al frente de su propio proyecto gastronómico. Define su cocina con tres palabras: "Honesta, respetuosa y sabrosa" . Su inspiración nace tanto de la alta cocina como de los recuerdos junto a su abuela, de quien heredó el gusto por cocinar para hacer felices a los demás. Escalas trabaja con agricultores ecológicos, pescado del Mediterráneo y productos de temporada para reinterpretar la tradición mallorquina sin caer en la nostalgia.
En la carta conviven un salmorejo de naranja con tartar de atún rojo , el carabinero con lentejas e infusión de zanahoria, una caldereta de salmonete y calamar, la lasaña de carrillera de cerdo negro o una delicada versión del clásico gató de almendra. El desayuno, servido íntegramente a la carta, sustituye al habitual bufé; al mediodía aparecen arroces y propuestas más ligeras; mientras que, al caer la tarde, La Ostrería convierte la terraza frente al mar en uno de los lugares más apetecibles del hotel para disfrutar de ostras, mariscos, vinos y champanes. La gastronomía es, de hecho, uno de los pilares del proyecto. "En nuestros hoteles se tiene que comer tan bien como se duerme", resume Álvaro. "Queremos que quien venga descubra Mallorca también a través del producto local, de la estacionalidad y de una cocina capaz de convertirse en un destino por sí misma".
Al final, interiorismo, arquitectura y cocina responden a una misma idea: mirar primero el paisaje antes de intervenir sobre él. Virginia Nieto encontró en Banyalbufar una luz y un color; Joan Escalas, una despensa y una memoria culinaria , y en el caso de Annua Signature Hotels, la oportunidad de recuperar un lugar con historia sin renunciar a una mirada contemporánea. Quizá ahí resida el verdadero lujo de Gran Hotel Margalida: en demostrar que un hotel nuevo puede parecer que siempre ha pertenecido a este rincón de la costa mallorquina.
Más información. Gran Hotel Margalida. Major, 49. Banyalbufar, Mallorca. Precio de verano desde: 980 euros.