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Entrevista· Gastronomía

El rostro joven al frente de un gigante clásico: "¿Etiqueta en Horcher? ¿Por qué no vestirse para una buena cena igual que para ir a la ópera?"

Elisabeth Horcher defiende la chaqueta obligatoria en su comedor como acto de respeto hacia la gastronomía, sin renunciar a modernizarse.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 8 de febrero de 2024

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Cuando Elisabeth Horcher habla de por qué la chaqueta sigue siendo obligatoria en su restaurante de la calle Alfonso XII, no se queja de los tiempos que corren ni adopta ese tono de nostalgia amargo que a veces rodea a los lugares con solera. Al contrario: plantea una pregunta que te deja pensando. «¿Por qué no vestirte para una buena cena igual que para ir a la ópera?», dice con naturalidad, como quien explica algo evidente pero que nadie se había parado a considerar. A los 43 años, con cuatro generaciones de Horcher a su espalda desde 2007, parece haber encontrado el equilibrio imposible: mantener la esencia sin fosilizarse. Creció entre dos mundos gastronómicos —los veranos en La Fonda de Marbella de su padre y la rigurosidad alemana heredada de sus antepasados— y eso le permitió entender que lo importante nunca fue la corbata en sí, sino el ritual de respeto que representa. Durante la crisis de 2008, cuando muchos establecimientos desaparecieron, ella eligió no traicionar lo que habían construido, aunque fuera familia sin espalda financiera. Lo que más me sorprende es su claridad al hablar de las redes sociales: no cree que sea necesario mostrarlo todo, porque «es mejor dejar algo de misterio para que el cliente viva esa experiencia con un halo de sorpresa». Esa frase sintetiza todo lo que representa: una mujer que no confunde modernidad con transparencia total, que sabe que los lugares icónicos necesitan cierto secretismo para seguir siendo deseables. Y su frase más reveladora tal vez sea aquella sobre no meterse en el trabajo de los maitre porque «cada uno debe tener su espacio». Es liderazgo de quien entiende que gobernar no es controlar, sino confiar.