Entrevista· Bienestar
El spa capilar de lujo que triunfa en el barrio de Salamanca: "Tenemos cabinas privadas. No me gusta que me laven el pelo escuchando los chismes de las demás clientas"
Descubrí cómo una colombiana reinventó el cuidado del cabello en Madrid con un concepto que mezcla medicina capilar, privacidad total y filosofía de autoconexión.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 23 de diciembre de 2024

Cuando Valentina abrió las puertas de Eva Ometz hace apenas unos meses, lo hizo sin campañas publicitarias ni estrategia de redes sociales. Solo con una obsesión: crear el lugar donde ella misma querría relajarse. La idea nació de una conversación con un amigo parisino que le pidió soñar en grande, y eso hizo: pasó un año caminando por Salamanca memorizando direcciones, metros cuadrados y precios, hasta encontrar el local perfecto. Lo que más me intriga de su proyecto es que no se trata de un spa capilar al uso, sino de un concepto híbrido que fusiona rigor médico con rituales de desconexión. Ella misma estudió tricología antes de abrir, y ahora su equipo realiza test epigenéticos analizando muestras de cabello en laboratorio para identificar causas profundas de caída, cargas electromagnéticas o intolerancias alimentarias. Pero el detalle que más me gustó fue descubrir que aquella frase sobre no querer escuchar chismes mientras te lavan el pelo no era una boutade publicitaria, sino el corazón de su filosofía: cabinas privadas, aisladas, donde la gente viene a desconectar y reconectarse consigo misma. Trae sillas de Japón, máquinas de diagnóstico coreanas y productos especiales porque cree que el cabello es un espejo de nuestro estado emocional, del estrés, del cortisol, de cómo comemos. Y aunque suene pretencioso, hay algo hermoso en una persona que decidió abandonar la moda porque le aburría y en cambio dedicó cuatro años a montar algo tan específico, tan pensado, sin necesidad de publicidad ni colaboraciones de famosos. Eva Ometz aspira a ser lujo silencioso, y eso, en Madrid, es casi revolucionario.