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Guía· Gastronomía

Florencia a bocados: Cuatro restaurantes y una bodega para darse un homenaje

Descubrí que Florencia no es solo museos: su cocina sencilla y honesta, basada en productos locales excepcionales, merece tanto tiempo como el David de Miguel Ángel.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 11 de mayo de 2025

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Cuando pienso en Florencia, la mayoría imagina museos y galerías, pero lo que realmente me atrapó fue descubrir que su verdadera joya está en la mesa. Me sorprendió especialmente cómo cuatro amigos —Edoardo, Manuele, Lorenzo y Zeno— capturaron la esencia de la cocina toscana sin traicionarla: el chef Nicola Chiappi los ayudó a modernizar recetas ancestrales manteniendo intacto lo que las hace irresistibles. Su Bistecca alla Fiorentina, cocinada lentamente sobre brasas de carbón hasta conseguir ese interior rosado casi crudo perfecto, fue un descubrimiento: no es un plato, es un ritual. Luego estuvieron esos espaguetis caseros con burrata y tomate cherry en la trattoria junto al mercado de Sant'Ambrogio, tan simples que parecen imposibles de lograr así de bien. Lo que más me cautivó fue el restaurante con invernadero incorporado, donde Nerina Martinelli cultiva personalmente 200 variedades de tomates en verano: no es vanidad, es coherencia gastronómica llevada al extremo. Incluso una noche de vinos naturales en Vineria Sonara me enseñó que los florentinos entienden el vino no como complemento sino como protagonista, acompañado de tablas de pequeños productores locales. La verdadera lección llegó en Monte Benardi, apenas fuera de la ciudad: Michael Schmelzer mantiene viñas antiquísimas en Chianti Classico, respetando métodos ecológicos mientras produce vinos internacionalmente reconocidos. Florencia me demostró que su cocina funciona porque rechaza lo complicado, privilegia lo auténtico, y defiende una idea casi radical: que los ingredientes deben hablar por sí solos.