Artículo· Gastronomía
Kiosko de Horchata Narváez, 80 años vendiendo la horchata más famosa de Madrid en la misma calle y con una receta familiar
Ochenta años sirviendo la misma horchata en Salamanca: la receta que sobrevive cuando todo cambia de precio.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 25 de julio de 2024

Cuando el termómetro sube en Madrid, hay lugares que se convierten en punto de peregrinación sin necesidad de promoción. El quiosco de Narváez es uno de esos. Fui a conocer a José Manuel García dispuesta a una conversación sobre tradición y negocios, y terminé entendiéndolo como algo más íntimo: cómo alguien de la cuarta generación de una familia horchatera nacida en Crevillente defiende el mismo vaso de horchata que vendían sus bisabuelos en 1910 contra la inflación de la chufa, contra los cambios de normativa, contra la presión de industrializar lo que debe seguir siendo artesanal. Su receta es un ejercicio de obstinación: treinta y cinco por ciento de chufa, diez de azúcar, nada más. Esos números no se tocan. Lo que más me sorprendió no fue encontrarme a Javier Bardem o a Isabel Ayuso en la lista de clientes, sino escucharlo decir que se rehúsa a bajar calidad aunque la chufa se haya disparado de precio. "No quiero perder clientela", dice, como si la lealtad fuera un músculo que se atrofia si dejas de ejercitarlo. El quiosco abre solo seis meses al año, desde marzo hasta octubre, y en los días de calor venden más de ciento veinte litros. Las rayas azules y blancas que ahora lo distinguen, los colores de su pueblo, fueron una decisión consciente de visibilidad cuando antes pasaba desapercibido. Hay en esto algo de reivindicación silenciosa: que lo viejo, si mantiene su integridad, no necesita volverse moderno para ser deseado. Solo necesita seguir siendo real.