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La librera que busca atraer a las lectoras más 'infieles'
Beatriz Morón abandona la arquitectura para crear un refugio donde los libros se respetan como arte y nadie tiene que elegir un solo género.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 24 de enero de 2024

Cuando Beatriz Morón decidió cambiar los planos arquitectónicos por las estanterías, no lo hizo de repente: fue durante la pandemia, en ese limbo donde muchos descubrimos que nuestras verdaderas prioridades no eran las que creíamos. Una fractura de pierna de su marido Javier y un paseo en silla de ruedas por Goya fueron los ingredientes exactos para que ella viera claro que ese local destartalado era su lugar. La lectora infiel nace así del convencimiento de que los libros bien editados, con encuadernaciones cuidadas, merecen tratarse como obras de arte, no como productos intercambiables. Me llamó mucho la atención su rechazo deliberado a los bestsellers: en una era donde el algoritmo lo domina todo, Beatriz y Javier navegan horas por catálogos de Acantilado o Siruela buscando títulos que la gente no conoce, especialmente de escritoras latinoamericanas cuyo trabajo merece circular en librerías como la suya. Ella incluso tiene una sección dedicada íntegramente a ellas. Su pasión por la narrativa policíaca viene de una tarde inesperada tomándose una caña con Domingo Villar, el autor gallego que escribía sobre el Inspector Leo Caldas, después de pasarse una década esperando su siguiente novela. Ese detalle resume perfectamente cómo funciona La lectora infiel: no es un lugar de paso, sino un espacio donde cada elección tiene historia, donde una buena recomendación vale más que cualquier campaña de marketing, y donde Beatriz confía en que la gente que entra y la felicita es exactamente la gente que la mantendrá viva.