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La madre e hija que han encandilado a Maxi Iglesias o Alejandro Amenábar con su repostería americana

Descubrí cómo una madre y su hija transformaron sus viajes por América en un imperio de tartas que seduce a actores y directores desde Madrid.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 2 de septiembre de 2024

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Cuando Ana Kreisler me contó que todo comenzó porque sus vecinas mexicanas le pedían clases de cocina mientras ella no hacía más que admirar las tartas decoradas de la casa de al lado, entendí que hay negocios que nacen de la honestidad más pura. Lo suyo no fue un plan de start-up, sino una necesidad genuina: querían traer esos sabores de América que les habían marcado durante sus estancias en México y Miami. La pandemia fue el catalizador perfecto. Alejandra subió una tarta de zanahoria a Instagram el día de su cumpleaños confinado, una amiga embarazada le pidió una, alguien influyente lo reposteó, y de repente tenían un negocio sin haber previsto serlo. Lo que más me fascina es cómo dividieron el trabajo sin que nadie pisara territorio del otro: Alejandra maneja Instagram y el marketing con la estrategia de escribir a desconocidos regalándoles tartas hasta que alguien contestaba; Ana domina la repostería con precisión matemática, conociendo cada porcentaje de sus fórmulas al detalle. El hecho de que sus clientes sean mayoritariamente latinos tiene su lógica, como dice Ana: en Latinoamérica el postre es un acto de competencia social, algo que se lleva a casa para demostrar quién hace mejor. Pero que Maxi Iglesias y Alejandro Amenábar caigan rendidos a sus cheesecakes y brownies habla de algo más universal. Visité su obrador cerca de Río Rosas y entendí por qué la gente entra por impulso: el packaging en blanco y negro tiene esa elegancia que no promete nada, solo deja que la tarta hable. Lo más honesto que oí fue cuando Alejandra admitió que ya no lleva tarta a las cenas, cansada de ser la proveedora oficial de postres entre amigos. Eso, al menos, es auténtico.