Entrevista· Lifestyle
La mujer que se rebeló contra la chulapa de postal: «Había que recuperar su esencia»
María Aguado dejó la abogacía para rescatar la chulapa de su encorsetamiento: quería devolverle la vida que Galdós le había dado en las páginas de sus novelas.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 7 de mayo de 2026

Me intriga especialmente cómo alguien sin trayectoria en moda puede llegar a montar un proyecto que vende 100 trajes en su primer fin de semana de showroom, y más aún cuando la razón detrás es tan visceral: una obsesión literaria con cómo Galdós describía a sus personajes femeninas. María Aguado pasó décadas en despachos y tribunales antes de sorprenderse a sí misma anunciando algo que apenas entendía: iba a hacer chulapas. Lo que podría sonar a capricho de verano en una playa gallega se convirtió en algo mucho más radical: un ejercicio de desobediencia contra la turistificación de Madrid. Porque lo que me llamó la atención no fue el acto de diseñar un vestido, sino su negativa a modernizar, a actualizar, a diluir la esencia en trending topics. Ella quería lo contrario: ir atrás, a esa silueta que Fortunata llevaba sin pensar en ello, sin que fuera un disfraz de Zarzuela ni un reclamo de postal. Sin experiencia en patronaje, trabajó con consultoras y patronistas como quien tira del hilo de un puzle, rechazando prototipos, insistiendo cuando su hermana le pedía que lo dejara. Y cuando se vio con 600 vestidos sin mercado claro, simplemente abrió una puerta. El verdadero acto de rebeldía no está en el diseño: está en su insistencia de que la tradición y el presente no son enemigos, que puedes llevar un traje de chulapa a una boda o a San Isidro sin que te parezca un anacronismo. En Madrid, donde ni siquiera hemos construido una identidad visual propia mientras otras ciudades enseñan sus trajes tradicionales con naturalidad, alguien decidió que había que empezar por aquí.