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Entrevista· Lifestyle

La peluquera con grandes dotes de psicología: "Al cliente hay que darle lo que necesita, que a veces no es lo que pide"

Eva Villar convierte la paciencia en su arma secreta: una peluquera que antepone entender al cliente antes que cumplir su capricho.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 29 de enero de 2024

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Lo que más me atrae de Eva Villar es precisamente lo que sus competidores ven como debilidad: su negativa a ser una peluquería convencional. Conocí su historia a través de alguien que la describe como una persona obsesionada con lo que llama el autocuidado, y eso se nota desde que habla de sus inicios en el salón de su madre, donde pasaba tardes pintando uñas apenas sin estatura para llegar al lavacabezas. Pero lo interesante es que no se quedó ahí: se fue a Londres porque en los ochenta las mejores escuelas estaban allí, luego a Los Ángeles casi por azar tras ver La Roca, trabajó maquillaje de cine los fines de semana en bodas de quinceañeras para costearse la formación, entró en el mundo de la moda durante dos décadas —con anécdotas como esa producción en el Caribe donde un huracán la pillaron en mitad de una sesión fotográfica— y todo ese trayecto caótico desembocó en algo completamente opuesto: un salón sin prisa, sin horarios imposibles, que cierra a las cinco. Su madre le advirtió que se hundiría; diez años después acaba de inaugurar un nuevo espacio más amplio. Lo que realmente define su filosofía es esa frase que suelta sin dramatismo: "Al cliente hay que darle lo que necesita, que a veces no es lo que pide". No es pedantería estética, sino el resultado de alguien que estudia culturas, que escribió un libro sobre las cuatro estaciones y el autoconocimiento, que descubrió el Ayurveda con diecinueve años en la India y que entiende que la imagen es lenguaje. Eso es lo raro en el sector: alguien para quien el menos es más no es un eslogan sino una creencia genuina.