Entrevista· Gastronomía
La reconocida chef francesa Dominique Crenn: "La gente ya no quiere ir a sitios con tres estrellas Michelin, busca algo más auténtico"
Dominique Crenn me confesó algo que parece contradictorio en alguien con tres estrellas: los clientes ya no buscan restaurantes de élite, sino conexión real alrededor de una mesa.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 14 de agosto de 2025

Conocer a Dominique Crenn en uno de esos barcos fluviales por Borgoña fue escucharla decir algo que rompe completamente la narrativa de la alta cocina contemporánea. Aquí está, con tres estrellas en su Atelier Crenn de San Francisco, restaurante de apenas ocho mesas que funciona como leyenda mundial, y lo primero que subraya es su hastío con la obsesión coleccionista: "La gente ya no quiere ir a sitios con tres estrellas, busca algo más auténtico". Lo que más me sorprendió fue su honestidad desarmante sobre las distinciones. No las niega —reconoce que la primera estrella fue "la confirmación de que la poesía podía vivir en el plato"—, pero las sitúa en su lugar: un hermoso reconocimiento, no el destino. Lo que realmente la mueve es distinto. Mientras nos cocinaba uno de sus menús, hablaba de su cocina como poesía, de cada plato como un verso donde el comensal debería sentir belleza o nostalgia, no estatus. Me cautivó cómo sintetiza su trabajo en tres palabras —innovación, sostenibilidad, igualdad— con la rotundidad de quien no negocia valores. Criada entre la herencia francesa de su madre y abuela, pero moldeada por San Francisco, California, la cocina japonesa y sus admiraciones españolas (Ferran Adrià, Elena Arzak, Ángel León), Crenn representa algo más raro que tres estrellas: una chef que ha decidido que su plataforma vale para construir un mundo más equitativo, no para defender un reino gastronómico. Vive en una granja a quince minutos de la ciudad y se alimenta del huerto. Todo en ella grita que lo revolucionario ya no es la técnica sofisticada, sino reinventar qué significa estar alrededor de una mesa en tiempos donde la conexión humana es lo que muere primero.