Guía· Gastronomía
Las 18 direcciones imprescindibles para comer cocido madrileño en la capital
He encontrado dieciocho formas distintas de entender el cocido madrileño, desde tabernas de 1870 hasta hoteles de lujo donde lo sirven como ceremonia.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 25 de febrero de 2026

Cuando empecé a perseguir estas dieciocho direcciones, creía que encontraría variaciones sobre un mismo tema. Lo que descubrí fue algo más profundo: cada cocido que visité me contaba una historia diferente sobre qué significa Madrid en un puchero. Desde La Bola, donde llevan custodiando la receta desde 1870 con sus pucheros de barro al carbón de encina, hasta Casa Lucio, que sirve 20.000 cocidos al año con la precisión de quien sabe que cada sopa, cada vuelco, cada garbanza es parte de un ritual intergeneracional. Lo que más me sorprendió no fue la rigidez de la tradición, sino su capacidad de transformarse. En El Club Allard, Santiago Pedraza deconstruye el plato hasta lo mínimo —caldo fino, desgrasado, sin pesadez— pero lo hace con un manifiesto en la mano, como quien respeta tanto la esencia que necesita explicar por qué cambia. Y luego están las casas que lo reinventan sin disculparse: en Punto MX la secuencia de pases arranca con una croqueta de ropa vieja, en La Tasquita de Enfrente Carmen González-Llanos juega con tartar de apio sobre tostada de masa madre. El 27 de febrero, cuando se celebra el Día Internacional del Cocido Madrileño, algo me hizo clic: este plato declarado Bien de Interés Cultural no es un fósil, sino una conversación viva entre lo que fuimos y quiénes somos ahora. Cada cocinero que encontré —desde Antonio del Álamo en El Club Allard hasta Luis Álvarez en Casa Lucio— sabe que el cocido no es simplemente guiso, sino la forma en que Madrid se entiende a sí mismo en la mesa, en tres vuelcos, con paciencia, compartiendo.