Entrevista· Lifestyle
Las artistas del ganchillo callejero que tejen con bolsas de plástico: "Es una forma de darles una segunda vida y de cuidar el planeta"
Rita y Tania transforman bolsas de plástico en murales de ganchillo que viajan por el mundo, demostrando que el arte sostenible también puede ser callejero.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 20 de enero de 2026

Lo primero que me sorprendió al conocer a Rita y Tania no fue solo su ingenio, sino descubrir que habían convertido las bolsas de plástico que todos tiramos a la basura en arte de verdad: murales enormes tejidos con ganchillo que perduran años intactos. Me fascinó cómo dos artistas que se conocieron en 2016 en una escuela de idiomas asiáticos encontraron en el confinamiento la chispa para unir su pasión por este oficio ancestral con una urgencia contemporánea. Su primer proyecto en Pinta Malasaña, ese concurso de arte callejero en Madrid que cataliza creadores, fue un jardín de plástico que se quedó como su firma visual. Lo que más me gustó es cómo justifican su contradicción aparente: «El plástico se está cargando la naturaleza, pero nosotras hacemos una naturaleza de plástico que dura años», me dijeron. Esa paradoja inteligente es el corazón de todo lo que hacen. Recopilar material es un proceso comunitario, convocan a alumnos de las clases de ganchillo que imparten, amigos, voluntarios, porque necesitan cientos de bolsas de colores, no valen las blancas. Luego está el trabajo de cortarlas en tiras, hacer ovillos de ese extraño «espagueti de plástico» y finalmente tejer con agujas gigantes. Solo tienen diez horas para montar en el concurso, así que el trabajo previo se extiende mes y medio. Sus exposiciones en Alemania y Taiwán les han enseñado que el nombre Enganchadas, un juego de palabras perfecto en español, se convierte en una pesadilla fonética internacional. Ahora piensan en vender piezas personalizadas y sueñan con hacer yarn bombing en un edificio emblemático madrileño. Lo que realmente me cautivó es que estos trabajos no son solo bonitos: son un acto de resistencia silenciosa contra el consumo descartable, transformando lo desechable en algo que trasciende, que viaja, que perdura.