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Guía· Viajes

Las dos calles más top de Burdeos

Rue Notre-Dame y Rue Saint-James: donde Burdeos se reinventa como la París que siempre quisimos descubrir sin aglomeraciones turísticas.

Por Estefanía Ruilope · Condé Nast Traveler · 7 de febrero de 2018

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Cuando llegué a Burdeos con la idea de que solo había vino, me encontré con algo inesperado: dos calles que explican por qué la ciudad se ha convertido en refugio de madrileños y parisinos cansados de sus propias capitales. La Rue Notre-Dame es ese lugar donde caminas entre enredaderas, pasas ante fachadas que te transportan a los rincones más bonitos del Marais, pero sin el caos de La Samaritaine de por medio. Lo que más me sorprendió es la densidad de anticuarios: prácticamente en cada portal hay alguien vendiendo muebles del XVII, cuadros sin pretensiones, objetos que cuentan historias de otras épocas. Entré en Village Notre Dame, una galería de más de 1.500 metros cuadrados instalada en lo que fue una imprenta, y pasé una hora perdida entre piezas del suroeste francés sin prisa alguna. Luego descubrí que los jóvenes propietarios de Cactus General Store habían logrado lo que parecía imposible: fusionar un café bio con una tienda de complementos donde tomar un cappuccino mientras deliberas si ese bolso de ante merece realmente tu presupuesto. En Chez Dupont comí exactamente lo que esperaba de un bistró francés decente: recetas sin ironía, menú que cambia a diario, postres caseros que te hacen sentir engañada por toda la gastronomía moderna que fingimos amar. Lo que me quedó rondando fue descubrir que el Bar Notre-Dame, ese local discreto del número 82, es donde realmente bebe la gente que vive aquí, no la que pasa de turista. Rue Saint-James queda como promesa pendiente, pero Rue Notre-Dame ya bastó para entender por qué Burdeos ha dejado de ser solo una parada de vino para convertirse en ese lugar donde muchos están eligiendo quedarse.