Reportaje· Viajes
Los encantos de La Palma: una escapada a la isla bonita fuera de temporada
Descubrí que La Palma no es solo volcanes y naturaleza: también guarda restaurantes sorprendentes, salinas artesanales y un observatorio astronómico que justifica cualquier viaje fuera de temporada.
Por Estefanía Ruilope · Condé Nast Traveler · 17 de diciembre de 2018

Llegué a La Palma esperando la típica escapada canaria de playas volcánicas y senderismo, pero me encontré algo más profundo: una isla que se toma su tiempo para contar historias. El Bosque de los Tilos, con sus helechos centenarios y flora imposible, fue mi primer asombro; luego vino el Mirador Barranco de los Gomeros, donde entendí por qué la llamaban la Isla Bonita. Pero lo que realmente me enganchó fue descubrir cómo funciona una pequeña plantación de plátanos IGP o conversar con el propietario de las Salinas de Fuencaliente, que lleva tres generaciones sacando 590 toneladas anuales de sal de forma completamente artesanal. "Los alemanes se llevan toneladas que compran en la tienda", me contó riendo sobre ese negocio que parecía sacado de otro siglo. La gastronomía me sorprendió más que cualquier postal: Casa Asterio con sus papas arrugás, el Bienmesabe de postre, pero sobre todo El Jardín de la Sal, donde catan sus diferentes tipos mientras ves el Atlántico. Casa Osmuda, en una casita colonial cerca de la capital, me hizo entender cómo comen los palmeros de verdad: pulpo con papas que olvidé fotografiar por comerlo demasiado rápido. El Hotel Hacienda de Abajo fue mi sorpresa final: más de 3.000 antigüedades repartidas por sus rincones, un jardín que parece traído de tres continentes, y la cocina de José Gómez usando lo que la isla produce. La noche en el Roque de los Muchachos, donde brilla un observatorio del Instituto de Astrofísica, me dejó mirando las estrellas sin contaminación lumínica mientras pensaba que algunos viajes cierren con vistas de postal, pero los mejores se quedan en lo que aprendes de quiénes viven en ellos.