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Los primos que han abierto una embajada gastronómica de Marrakech en Madrid: "No queremos ser un restaurante marroquí, solo traer pinceladas"
Los Bultó trasladan a Madrid el espíritu de sus hoteles marroquíes sin renunciar a la cocina clásica madrileña.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 28 de julio de 2026

La familia Bultó ha transformado su antiguo restaurante de la calle Ponzano en Toque Abracadabra, un local inspirado en sus dos hoteles en Marruecos.
Inés Bultó Mata y Bruno Oliver Bultó son primos hermanos que funcionan como un equipo perfectamente coordinado, aunque ella se caracteriza por su carácter metódico mientras que él destaca por su impulsividad. Inés cursó Ciencias Medioambientales y Bruno, ADE, pero en realidad ninguno ejerció su profesión original. Lo que sí lograron fue descubrir una pasión compartida por algo mucho más ambicioso: diseñar experiencias donde se fusionan la hospitalidad, el diseño y la gastronomía. "Yo sabía que algo haría con Inés", recuerda Bruno.
Todo comenzó en Marrakech. La historia arranca con un viaje a comienzos de la década pasada, cuando Inés hizo una reserva prácticamente sin saber qué esperar. El impacto de llegar fue profundo: tras una puerta sencilla en la medina se abría un refugio de paz y tranquilidad. "Nos enamoramos del concepto", comentan evocando aquella experiencia. De esa admiración inmediata surgió Riad Abracadabra, que adquirieron en 2007 e inauguraron dos años después, justo antes de que la ciudad marroquí se convirtiera en destino turístico de moda. Después llegó Abracadabra Store, con artículos de cuero fabricados entre Marruecos y Ubrique, seguido de Casa Abracadabra, una iniciativa de mayor envergadura en las proximidades de Marrakech. Compraron esta propiedad en marzo de 2020, precisamente cuando el mundo se paralizaba. "Firmamos y el mundo se cerró", relatan. Pudieron haber abandonado el proyecto, pero decidieron seguir adelante. Se trasladaron allí con sus familias durante tres años, supervisando personalmente cada aspecto: construcción, gestión operativa, educación de los hijos e inmersión cultural. En la actualidad, Casa Abracadabra dispone de 24 cuartos, zona de wellness, restaurante y espacios para eventos. Funciona de forma autónoma bajo la dirección de un equipo consolidado, mientras ellos mantienen una presencia itinerante entre España y Marruecos. "Fue un proyecto vital además de empresarial", sintetizan.
De regreso en la capital, aunque sin desvincularse de su universo marroquí, han dado su siguiente paso: reconvertir Toque de Sal —el restaurante que abrieron en 2015 en plena eclosión de la zona de Ponzano— en Toque Abracadabra. No es meramente un cambio de denominación, sino incorporar este negocio al ecosistema que han construido durante años en Marruecos. "Queremos que sea nuestra embajada aquí", detallan. Un espacio donde quienes conocen sus hoteles retroconozcan el alma del proyecto.
El origen de Toque Abracadabra fue bastante inesperado. Tras participar en una feria madrileña donde no tuvieron resultados —"cero euros, literal"— decidieron transformar la frustración en acción concreta. Encontraron el local muy próximo a su despacho y, a pesar de los recelos iniciales de Inés ("era un antro"), Bruno tuvo clara la decisión desde el primer instante. Más de diez años después, el establecimiento mantiene la misma filosofía: acotado, acogedor y con una estética que envejece sin quedarse obsoleta. La reforma fue nuevamente un asunto familiar: Álvaro, hermano de Bruno y profesional de la arquitectura, lideró el diseño, mientras que Mercedes Bóhorquez, pareja de Bruno, asumió la dirección artística. El espacio resultante despide calidez, con materiales de calidad y una atmósfera de hogar auténtico que se distancia de las modas pasajeras. "La gracia es que envejezca bien", afirman. Y así ha sido.
En cuanto a la cocina, el rumbo es nítido: ingredientes de excelencia, armonía de sabores y platos que la gente reconoce. No hay aquí efectismos innecesarios ni creaciones rebuscadas, pero sí una maestría en la ejecución que genera devoción. El gazpacho La Peñuela, los enrollados de pato —que salen en cantidades considerables a diario—, el foie, la carne cruda o la ensalada de pérdiz forman parte de un menú diseñado para que los clientes regresen. La hamburguesa, preparada con carnes cuidadosamente elegidas y molidas internamente, es otro grande del restaurante. Y está la pasta Abracadabra, originaria de Marrakech e instalada ahora en Madrid, como un puente diminuto entre ambas ciudades. Junto con el cambio de marca han introducido sutiles reminiscencias del norte de África: un tajine lentamente cocido, breauts y el consabido té con menta. Sin artificios. "No queremos ser un restaurante marroquí, solo traer pinceladas", puntúan.
Esa misma lógica impregna la selección de vinos, uno de sus puntos fuertes: etiquetas conocidas, oferta selecta y un equilibrio en los precios. "Prefiero que el cliente repita botella porque le parece bien de precio", subraya Bruno. El personal es otro de los cimientos del éxito. En una profesión aquejada por una alta rotación, ellos se enorgullecen de su permanencia: responsables que cuentan con trayectoria, una brigada de cocina bien formada y un aire casi doméstico. "Cuidamos a la gente y eso se nota", constatan. Esto es palpable también en la sala, donde todavía caben la improvisación, la comida en mostrador o alargar el café sin prisas.
Lo que sigue ya está en sus planes: un alojamiento en territorio español, posiblemente en las cercanías de Madrid, sin ubicación aún definida, pero con una visión clara. Lo que han demostrado hasta ahora es que no les hace falta mucho tiempo para resolver sus decisiones. Con la visión intuitiva de Bruno y la capacidad organizativa de Inés han levantado algo difícil de ver: una marca firme, identificable y cargada de autenticidad.
Toque Abracadabra: Ponzano, 46, Madrid. Reservas aquí. Precio medio: 40 euros (en el restaurante).