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MasQi celebra su décimo aniversario

Diez años de transformación en la sierra de Alicante: así Sonia Ferre convirtió una crisis existencial en un refugio de bienestar.

Por Estefanía Ruilope · Fuera de Serie · 25 de abril de 2024

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Conocer la historia de MasQi es entender cómo una crisis de identidad puede convertirse en un proyecto que toca a cientos de personas. Sonia Ferre llegó al yoga sin buscarlo realmente, en uno de esos momentos donde la vida te golpea y tienes que decidir si te levantas o te quedas en el suelo. Lo interesante es que no buscaba ser gurú ni convertirse en especialista: simplemente reconoció algo que le hacía feliz —cocinar, recibir, estar en contacto con la naturaleza— y decidió construir un espacio alrededor de eso. Me llamó la atención cómo cuenta su primer cliente, un señor de Madrid que sigue viniendo diez años después, como si fuera un secreto de familia. Eso dice mucho de cómo funciona MasQi: no es un resort de lujo donde llegar y desconectar sin más, sino un lugar donde algo te obliga a mirarte al espejo. Los retiros de cinco a siete días no son casualidad; Ferre sabe que pelar capas de cebolla emocional lleva tiempo, que la transformación no ocurre en un fin de semana. Lo que más me intrigó fue su experiencia con la alimentación macrobiótica: fracasó en el veganismo porque lo hizo sin conocimiento, pero cuando descubrió esta filosofía culinaria, entendió que comer es un acto de reparación, no de restricción. Desde el yoga matutino en su domo hasta los masajes y lecturas de cartas, todo en MasQi conversa hacia lo mismo: ayudarte a dejar de sabotearte. Y el hecho de que esté planeando abrir otro espacio en España suena como la prueba definitiva de que una crisis personal bien procesada puede multiplicarse en cadena de sanación.