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Reportaje· Viajes

Normandía tras los pinceles de Monet, Renoir y Manet

Recorrí los lugares que Monet, Renoir y Manet inmortalizaron en Normandía hace 150 años, descubriendo cómo esos paisajes siguen vivos.

Por Estefanía Ruilope · Condé Nast Traveler · 24 de febrero de 2025

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Cuando pises Normandía buscando las huellas del Impresionismo, entiendes por qué esos pintores rechazados por el Salón Oficial terminaron siendo los que redefinieron el arte. Recorrí esta ruta hace poco y lo que más me sorprendió no fue solo estar frente a los lugares que reconozco de sus cuadros, sino descubrir cómo funcionaban estos artistas en la práctica: Renoir llegaba al restaurante La Maison Fournaise en Chatou, se sentaba en la terraza junto al Sena y pasaba temporadas completas retratando al dueño y su hija entre comidas y charlas. Así nació Le Déjeuner des canotiers, una obra que hoy ves colgada de un museo pero que en realidad surgió de la vida cotidiana, casi de la camaradería. En Giverny, caminar por el jardín de Monet —ese con el puente japonés y los nenúfares— es entrar en una obsesión congelada: 43 años viviendo ahí, pintando la misma charca infinitas veces con diferentes luces, diferentes estados de ánimo. La casa-museo aún respira esa pasión por lo japonés. Luego está Étretat, con esos acantilados que parecen hechos para la posteridad, y que efectivamente Monet, Manet y Delacroix pintaron cientos de veces. Lo que me marcó fue estar en Le Havre, viendo cómo la ciudad bombardeada en la Segunda Guerra Mundial se reconstruyó modernista y aún así conserva ese puerto donde nació la famosa Impresión, sol naciente. Toda la región este año celebra el aniversario de la exposición de 1874 en Boulevard des Capucines con festivales y muestras temporales, pero lo verdadero es que la belleza sigue ahí, en los mismos sitios, esperando que alguien vuelva a mirarla como ellos lo hicieron.