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Qué se cuece en Amberes, la ciudad emergente perfecta para los amantes del arte, la gastronomía y las compras
Descubrí que Amberes ya no es solo la ciudad de los diamantes: es un destino donde el arte contemporáneo, la gastronomía ambiciosa y el diseño de barrio conviven sin pretensiones.
Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 24 de noviembre de 2024

Amberes me sorprendió por su escala. No es Bruselas en miniatura, sino algo más interesante: una ciudad que crece hacia adentro, sin perder el caos controlado de un puerto histórico. Pasé por el Museo Real de Bellas Artes después de su remodelación, donde la mayor colección mundial de James Ensor comparte pared con el restaurante Madonna Grand Café del chef Wesley Debord, y esa fusión entre tradición e innovación marca todo el viaje. Lo que más me cautivó fue descubrir barrios como Vlaamsekaai y Nieuw Zuid, donde mansiones art nouveau conviven con galerías de artistas vivos: Karen Van den Langenbergh abrió Molo Gallery hace apenas un año, y ya define un circuito cultural que funciona sin los egos de Róterdam. En la zona industrial de PAKT, entre cafés con tostador propio y restaurantes que usan ingredientes de agricultores locales, entendí que Amberes no copia a otras ciudades europeas, sino que propone algo distinto. Comí en Repasse, donde el entrecot y los solettes a la sartén llegaban acompañados de patatas fritas generosas, y esa generosidad es marca de la casa. Lo que más me llevé fue esta idea: una ciudad que prioriza el viaje a pie, donde cruzas un antiguo convento convertido en bar de cócteles casi sin proponértelo, y donde incluso Flandes Frites Atelier, un puesto de patatas fritas junto a la Catedral, trata su oficio con la seriedad de una propuesta gastronómica de verdad.