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Artículo· Gastronomía

Regma, los helados favoritos de la familia Botín

Descubrí que detrás de los helados más icónicos de Santander hay una dinastía de casi un siglo obsesionada con ingredientes naturales y recetas intactas.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 21 de abril de 2024

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Lo que más me cautivó de Regma no fue solo su presencia ubicua en Santander —esos helados que aparentemente todo el mundo ha probado alguna vez—, sino descubrir la arquitectura silenciosa detrás de cada bola de helado. Marcelino Castanedo tomó una decisión radical en 1933: abandonar el frío industrial para crear helados como acto de artesanía pura, un cambio de sector que suena absurdo hasta que comprendes que para él se trataba del mismo compromiso con la precisión y la temperatura exacta, solo que con propósito inverso. El nombre Regma, tejido con los nombres de sus hijas Regina y Margarita, tiene esa belleza de los secretos familiares convertidos en marca. Lo que Jaime Castanedo, hoy al frente de la tercera generación, me explicó durante nuestra conversación permanece conmigo: «Regma es un producto fácil de consumir» porque habla el lenguaje de lo genuino, sin cifras marketing ni promesas infladas. Esos pinochos que la familia Botín devora cada verano en Santander, el chocolate reinante en ventas, el jaspeado escocés de vainilla-café-whisky, cada sabor cuenta una historia de recetas que viajaron intactas desde los años treinta. Lo revelador es que Jaime no pretende revolucionar la heladería, sino exactamente lo opuesto: protegerla mientras la expande. Treinta locales ya, ambición de alcanzar nuevas ciudades, pero siempre con esa obsesión abuelo por los ingredientes naturales y la elaboración que no transgrede sus propios códigos. Es raro encontrar empresas que crecen sin traicionar su origen.