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Guía· Gastronomía

Ruta para comerse las mejores milanesas de Madrid

Descubrí que en Madrid existe una verdadera batalla gastronómica por quién hace la milanesa más crujiente y jugosa, desde italianos hasta argentinos y hasta un japonés escondido.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 30 de agosto de 2024

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Empecé este recorrido pensando que una milanesa era simplemente un filete empanado, pero terminé descubriendo que en Madrid hay casi una religión alrededor de cómo conseguir esa textura imposible: crujiente por fuera, jugoso por dentro. El secreto no está en un único lugar sino en la obsesión de cada cocinero por dominar su propia versión. En La Ancha, el chef me explicaba con la precisión de un cirujano cómo necesita 90 golpes exactos de espalmadera para romper las fibras de la tapa de ternera blanca, luego pan rallado casero y una fritura cortísima en aceite de girasol. Eso genera un escalope de 40 centímetros que parece imposible de comer solo. En Big Mamma, Daniele Tasso me sorprendió hablando de su «orecchia d'elefante», ese corte de libro que abre como una oreja de elefante, marinado toda la noche en yogur porque entiende que la proteína láctea es lo que realmente ablanda la carne. Los argentinos juran por la milanesa napolitana con jamón y mozzarella, los italianos añaden hierbas aromáticas al rebozado, y hay hasta una versión vegetariana con berenjena gratinada. Lo que me quedó claro es que no existe una única milanesa madrileña sino una conversación permanente entre tradiciones: la milanese clásica del siglo XII de Milán, el schnitzel austriaco, la versión porteña de Buenos Aires. Cada restaurante que visité defendía su técnica como la verdadera, y probablemente todas lo sean, porque la obsesión por perfeccionar un plato tan simple es lo que realmente lo hace extraordinario.