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Guía· Gastronomía

Siete imprescindibles para devorar el barrio madrileño de Prosperidad

Prosperidad es mucho más que un barrio de paso: descubrí siete espacios donde comen de verdad los madrileños que entienden de comida.

Por Estefanía Ruilope · El Mundo · 10 de octubre de 2023

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Recorrer Prosperidad me sorprendió porque esperaba encontrar un barrio dormitorio cerca del centro financiero y topé con algo completamente distinto: espacios donde cada local tiene su propia razón de ser. Empecé en Ovillo, donde Javier Muñoz-Calero define su cocina como "tradicional viajada" desde un edificio que antes fue fábrica de marroquinería. Allí probé guisos densos y una boloñesa de venado que reconcilia la tradición con esa idea de viajar sin salir de Madrid. Lo que me atrapó fue descubrir que además de cocinar, el restaurante sostiene un proyecto social con jóvenes en exclusión: no es solo comida, es un compromiso. Luego entré en Café Neutrale y entendí mejor lo que Nacho Aragón quería decir cuando habla de crear comunidad: es un lugar que funciona desde la mañana con café de especialidad, se convierte en bar de mediodía y por la noche sigue transformándose, todo bajo una filosofía de consumo consciente que respira en cada rincón. El contraste llegó con la taberna de Sergio Guijarro, quien tras años en Inglaterra decidió mezclar ingredientes locales con recorridos asiáticos: dumplings de manitas, ramen, arroz chinorris. Esa barra desenfrenada que él describe como "taberna viajera" es casi una declaración de intenciones. Pero Prosperidad también guarda clásicos inquebrantables como ese restaurante familiar en la cuarta generación que no innova porque no lo necesita: sus colas de cangrejo de río, el escalope Armando, la tortilla española funcionan porque simplemente son perfectos. Descubrí que desde 1993 existe ese bar de vinilos vintage donde piden bocacananis y callos a la madrileña sin que nada haya cambiado, y un restaurante especializado en arroces que mezcla lo alicantino con lo noruego porque sus propietarios son de ambos mundos. Lo que me llevé es que este barrio funciona como un ecosistema donde conviven generaciones, experimentos y tradiciones sin que unos anulen a otros.