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Reportaje· Viajes

Un día en las Salesas de Madrid

Descubrí que Salesas se ha convertido en un barrio donde el deporte consciente, la gastronomía limpia y el diseño artesanal compiten por tu tiempo.

Por Estefanía Ruilope · Condé Nast Traveler · 15 de febrero de 2019

Lee el artículo original en Condé Nast Traveler

Pasé un día completo en Salesas y me sorprendió la velocidad con que este barrio ha transformado su oferta. No es solo que haya nuevas tiendas o studios de fitness; es que todo responde a una filosofía común: cuidarse sin culpa, disfrutando. En Síclo, la instructora María Medina me explicó que rodaban al ritmo de la música bailando sobre la bici, no haciendo spinning puro, y que en 45 minutos se quemaban entre 300 y 800 calorías según el ritmo de cada uno. Lo que me fascinó fue descubrir que en el edificio Lamarca —ese neomudéjar de principios del XX— conviven Tracy Anderson, el restaurante Roots con sus bowls de ensaladas y proteínas justas, Clandestin con entrenador personal disponible a cualquier hora por WhatsApp, y Lab, donde compras ropa deportiva junto a joyería. Pero lo más delicioso fue entender que el bienestar aquí no es solo sudor: en el Only You, la Thai Room prepara cada producto antes de cada sesión —faciales con pepino y maracuyá, exfoliaciones con azúcar de coco— mientras masajistas tailandesas trabajan con recetas milenarias del Sudeste Asiático. Luego Anclademar me sedujo con sus piezas marítimas, Ofelia Home & Decor me hizo pensar diferente sobre decoración (Camilla Fontanella dice que no hablan de tendencia sino de gusto único), y terminé en Quispe probando un niguiri de atún flambeado con chimichurri que confirmaba que aquí también comen bien. Lo que más me quedó fue entender que Salesas no vende productos separados, sino un modo de estar: consciente, activo, hermoso, sin artificios.